Carmen Boullosa lleva las manos de Berlín a la memoria, la guerra y el presente

La escritora mexicana ofreció en el Paraninfo Enrique Díaz de León la conferencia magistral “Las manos de Berlín”, como parte del XVII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Estudios Germanísticos

Hay ciudades que permanecen en la memoria no solamente por sus calles, sus edificios o sus paisajes, sino por las historias que dejaron inscritas en quienes las habitaron. Para Carmen Boullosa, Berlín es una de ellas. Una ciudad hecha de recuerdos, silencios, heridas y reconstrucciones que, con el paso del tiempo, sigue preguntando por la memoria, la guerra, el poder y la condición humana.

Con esa mirada, la escritora mexicana ofreció en el Paraninfo Enrique Díaz de León la conferencia magistral “Las manos de Berlín”, actividad organizada por la Cátedra Latinoamericana Julio Cortázar, en el marco del XVII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Estudios Germanísticos (ALEG), que tiene como sede al Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara.

Boullosa habló desde la memoria personal, pero también desde una preocupación profundamente contemporánea. Su Berlín no es únicamente la ciudad que conoció en 1995, durante una estancia que compartió con sus hijos gracias a una beca del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD); es también la ciudad que, a través de sus ruinas y reconstrucciones, le permitió pensar en la guerra, en la fragilidad de la humanidad y en la persistencia del recuerdo.

“Escribo un texto sentimental, escribo con humildad, con palabras de una pequeña persona, como un boleto para regresar a la memoria del año que viví en esa gran ciudad, Berlín”, expresó la escritora al comenzar su intervención.

Desde esa primera evocación, la autora estableció un diálogo entre aquel Berlín de 1995 y el mundo de septiembre de 2026. La memoria personal se convirtió así en una puerta para hablar del presente, de un tiempo marcado nuevamente por los conflictos bélicos, por las ambiciones de poder y por la aparición de nuevas formas de incertidumbre.

Boullosa recordó que escribe hoy frente a un mundo en el que “el dolor colectivo de los seres pensantes se columpia inestable ante el horror de las guerras”, y en el que vuelven a aparecer, señaló, formas de autoritarismo y nuevas expresiones del fascismo.

A esa preocupación sumó uno de los temas que atraviesan con mayor fuerza el presente: la inteligencia artificial. Con una mezcla de ironía, inquietud y reflexión, planteó preguntas sobre la posibilidad de que una tecnología creada por el ser humano termine adquiriendo una autonomía capaz de poner en riesgo a su propio creador.

Comparó esta paradoja con una suerte de nuevo Frankenstein: una creación que puede presentarse bajo las formas de la bondad y la sabiduría, pero que también contiene un poder potencialmente letal. Si el riesgo de desaparición de la humanidad fuera real, reflexionó, la inteligencia artificial podría incluso reescribir el mito de la creación y convertir al ser humano en aquello que debe ser enfrentado.

Más allá de la tecnología, la escritora regresó una y otra vez a Berlín, a esa ciudad que encontró décadas después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial y que, sin embargo, conservaba las huellas de su pasado.

“Recuerdo el Berlín silencioso”, dijo.

No se trataba, explicó, del Berlín que había quedado reducido a piedras después de los bombardeos de 1940, 1943 y 1945, ni únicamente de la ciudad destruida tras la derrota alemana. Era el Berlín que se había levantado nuevamente sobre aquellas piedras, con la memoria todavía a flor de piel y con una voluntad permanente de no olvidar.

En ese paisaje encontró una ciudad que parecía recibirla con una serenidad construida sobre heridas antiguas: tazas, platos, cubiertos, sillas, camas, calles y espacios cotidianos que parecían estar exactamente donde debían estar. Pero debajo de esa aparente tranquilidad permanecía la historia.

La memoria aparecía incluso en lugares cotidianos. Boullosa recordó las placas con los nombres de niños muertos durante los bombardeos, colocadas en la entrada de la escuela de su hijo, y habló de la presencia persistente de la guerra y de la sombra del odio.

Fue entonces cuando las manos adquirieron un significado central en su relato: “Las manos que construyen, que recuerdan, que escriben y que sostienen. Las manos de quienes levantaron nuevamente Berlín, particularmente las manos de las mujeres que participaron en la reconstrucción de una ciudad devastada. Manos heridas por el contacto con la muerte, pero también manos vinculadas con la vida”.

“Las manos de Berlín”, explicó, son también las manos de la memoria; aquellas que permiten tocar lo que ya no está y conservar presente aquello que no debe repetirse. En ese recorrido apareció también la literatura. Boullosa recordó su encuentro con la escritora Herta Müller, a quien visitó en su casa y a quien describió como “un corazón más de Berlín”, o, mejor dicho, “una mano más de Berlín”. En la obra de Müller encontró una forma de capturar el silencio sin eliminarlo y de reconocer el peso específico de cada palabra.

La escritora mexicana hizo de la literatura un territorio para mirar las ciudades y sus heridas. Berlín apareció entonces como una ciudad atravesada por la melancolía, por la memoria de la guerra, por la derrota y por la reconstrucción; una ciudad consciente de que aquello que ocurrió puede volver a suceder si se pierde la capacidad de recordar.

Pero su relato también estuvo marcado por la felicidad. Boullosa se preguntó por qué aquel año de 1995 había sido, pese a todo, un año tan feliz. La respuesta estaba en sus hijos, en la posibilidad de vivir una ciudad distinta, en el tiempo que una beca ofrecía a una escritora y, de manera especial, en la distancia : “Para un escritor la distancia es importante: para un escritor se ve mejor la patria, quema menos”, expresó.

Desde Berlín pudo mirar de otra manera a México, sin dejar de llevarlo consigo. La distancia no significó desprenderse del país, sino observarlo desde otro lugar, con sus propias memorias, derrotas y contradicciones. La experiencia cotidiana también alimentó aquella memoria. El pan alemán, comprado por rebanadas, se convirtió en otro pequeño recuerdo de la ciudad. Un gesto aparentemente sencillo que, para Boullosa, contenía algo del espíritu berlinés: el ritmo de quien recuerda, no solamente para digerir, sino para pensar.

En su relato, Berlín también encontró un contrapunto en Nueva York. La escritora habló de ambas ciudades a partir de sus espacios, sus ríos, sus construcciones y sus áreas verdes. Mientras Nueva York parece mirar hacia sus edificios y mantener cierta distancia del río y del mar, Berlín le mostró una relación distinta con el espacio y con la naturaleza. Pero al final, la conferencia regresó al lugar del que había partido: las palabras.

Boullosa reconoció que no existe una voz suficiente para decir completamente aquello que una ciudad puede provocar. Por eso decidió trastocar palabras de amor y utilizarlas como monedas para intentar nombrar una experiencia que, en buena medida, pertenece al silencio. “Escribir también es traducir”, afirmó. Y añadió que escribir es también cortar, dejar fuera palabras, preguntarse si aquello que quedó sin decir estaba más cerca del silencio que se quería transmitir que los fragmentos finalmente compartidos.

Así, “Las manos de Berlín” se convirtió en mucho más que el recuerdo de una estancia. Fue una reflexión sobre la memoria y la responsabilidad de mirar el pasado; sobre las ciudades que se levantan después de la destrucción; sobre la literatura como una forma de traducir el silencio, y sobre un presente que vuelve a colocar frente a la humanidad preguntas que parecían pertenecer a otras épocas.

Es necesario saber que la conferencia de Carmen Boullosa formó parte de la agenda del XVII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Estudios Germanísticos (ALEG), cuyo eje es “La germanística latinoamericana en transformación: oportunidades y desafíos”.

El encuentro reúne en Guadalajara a especialistas, docentes, investigadores y estudiantes de América Latina y Europa para reflexionar sobre el presente y futuro de los estudios relacionados con la lengua, la literatura y las culturas de habla alemana.

La Maestría Deutsch als Fremdsprache: Estudios Interculturales de Lengua, Literatura y Cultura Alemanas del CUCSH participa como sede y parte fundamental de esta convocatoria, que contempla más de nueve secciones temáticas y 157 ponencias. Los trabajos abarcan campos como la lingüística contrastiva, traducción e interpretación, literatura contemporánea, cine, medios visuales, mediación cultural y los desafíos de la enseñanza del alemán en América Latina.

Durante la inauguración, la Rectora del CUCSH, Dra. Dulce María Zúñiga Chávez, destacó que la realización del congreso representa la continuidad de una relación académica construida durante décadas. Recordó que el Centro Universitario ya había sido sede de este encuentro en 2002 y subrayó que la nueva edición refrenda el compromiso de la Universidad de Guadalajara con la cooperación académica internacional. La Rectora señaló que el encuentro permite aproximarse a una “germanística global”, construida desde una diversidad de perspectivas y experiencias que amplían la comprensión de la lengua y las culturas alemanas.

Por su parte, la presidenta de la ALEG, Dra. Olivia Concepción Díaz Pérez, planteó la necesidad de mirar críticamente el camino recorrido por la disciplina ante los desafíos que enfrentan actualmente las humanidades, entre ellos la reducción de presupuestos universitarios y las transformaciones derivadas de la digitalización. En este contexto, destacó el papel que ha adquirido la enseñanza del alemán como lengua extranjera y la importancia de preservar los vínculos construidos entre generaciones de germanistas.

La dimensión internacional del congreso quedó reflejada también en la participación de representantes diplomáticos y académicos de Alemania, Austria y Suiza. La Dra. Silvia Stiefermann, del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD), recordó los 60 años de trayectoria de la ALEG y su contribución al desarrollo de la germanística latinoamericana.

El director de la Oficina Regional del DAAD, Dr. Christoph Hansert, destacó la relevancia de México dentro de la cooperación científica internacional alemana y reconoció a la Universidad de Guadalajara como un socio académico de importancia. Desde Suiza, el cónsul Frank Nyffeler resaltó la diversidad lingüística de su país y señaló que estudiar una lengua implica también aproximarse a otras culturas y formas de pensamiento.

El ministro consejero de la Embajada de Austria en México, Martin Loigin, centró su intervención en los desafíos que plantea la inteligencia artificial para la escritura, la traducción y la enseñanza de idiomas, así como en la necesidad de preservar la dimensión cultural e interpretativa de las humanidades. Mientras que la embajadora adjunta de Alemania, Cristina Zametzer, destacó la importancia de mantener vigentes los espacios de intercambio académico y cultural entre Europa y América Latina.

En su intervención, el Vicerrector Ejecutivo de la Universidad de Guadalajara, Dr. Héctor Raúl Solís Gadea, reconoció que la realización del congreso es resultado de la suma de esfuerzos de personas e instituciones de los distintos países participantes. Subrayó que estos encuentros permiten mantener abiertos los caminos de colaboración en momentos en que los recursos destinados a la educación y la cultura enfrentan importantes desafíos. En ese sentido, sostuvo que quienes trabajan en los ámbitos educativo y cultural comparten la convicción de que la democracia no puede sostenerse sin educación ni sin el cultivo permanente del conocimiento.

La presencia de Carmen Boullosa en el Paraninfo Enrique Díaz de León extendió esa conversación más allá de las aulas y las mesas académicas. Desde la literatura, Berlín volvió a ser una ciudad para recordar y preguntar: qué permanece después de una guerra, cómo se reconstruye una sociedad y qué responsabilidad tienen las palabras frente a aquello que no debe olvidarse.

Al final, quedaron las manos: Las manos que reconstruyen una ciudad. Las manos que escriben. Las manos que conservan la memoria. Las manos que, como las palabras de una escritora, intentan tocar aquello que el tiempo no ha conseguido borrar.

Atentamente
“Piensa y Trabaja”
“40 años de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara”
Zapopan, Jalisco, 28 de septiembre de 2026
 

Escrito por: Abraham Mendoza
Fotografía: Difusión CUCSH
Fuente: CUCSH