Inteligencia artificial en la labor jurisdiccional: juezas y jueces que pronuncien el derecho
Conferencia “Inteligencia artificial en la labor jurisdiccional: juezas y jueces que pronuncien el derecho”
El viernes 4 de septiembre de 2026 se llevó a cabo la conferencia “Inteligencia artificial en la labor jurisdiccional: juezas y jueces que pronuncien el derecho”, impartida por la Dra. Loretta Ortiz Ahlf, ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en el salón de la planta alta de la Librería “Carlos Fuentes”, ubicada en la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco “Juan José Arreola”.
La actividad fue organizada por el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) y la División de Estudios Jurídicos, como un espacio académico destinado al análisis y reflexión en torno a los retos, alcances y oportunidades que representa la incorporación de la inteligencia artificial en el ámbito jurídico y, particularmente, en el ejercicio de la función jurisdiccional.
El acto académico estuvo presidido por la Dra. Rocío Calderón García, Secretaria Académica del CUCSH, quien acudió en representación de la Dra. Dulce María Zúñiga Chávez, Rectora del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades; la Dra. Loretta Ortiz Ahlf, ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; y la Dra. Irma Leticia Leal Moya, académica e investigadora de la Universidad de Guadalajara y líder del proyecto de Educación Dual en la Universidad de Guadalajara.
Durante el acto de bienvenida, la Dra. Rocío Calderón García dirigió un mensaje a las y los asistentes y destacó la importancia de generar espacios de diálogo académico que permitan a la comunidad universitaria reflexionar sobre las transformaciones que experimenta el ejercicio del derecho ante los avances tecnológicos y, de manera particular, frente al desarrollo de la inteligencia artificial.
Posteriormente, la Dra. Irma Leticia Leal Moya tuvo a su cargo la presentación de la semblanza curricular de la ministra Loretta Ortiz Ahlf, resaltando su destacada trayectoria en los ámbitos académico, jurídico y jurisdiccional.
Enseguida, la ministra Loretta Ortiz Ahlf impartió la conferencia “Inteligencia Artificial en la Labor Jurisdiccional: Juezas y Jueces que pronuncien el Derecho”, en la que abordó la incidencia de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial en la administración de justicia. Su participación permitió reflexionar sobre los desafíos que plantea el uso de estas herramientas y sobre la responsabilidad que corresponde a las personas juzgadoras en la interpretación, aplicación y protección del derecho.
“La inteligencia artificial no sustituirá al juez: el reto es usarla sin perder el sentido humano de la justicia”, señaló la Dra. Loretta Ortiz Ahlf destacó que la inteligencia artificial puede transformar el trabajo de los tribunales, pero advirtió sobre los riesgos de los sesgos algorítmicos, la falta de transparencia y la pérdida de la dimensión humana en las decisiones judiciales.
La inteligencia artificial avanza rápidamente hacia espacios que, hasta hace pocos años, parecían reservados exclusivamente para las personas. Los tribunales no son la excepción. Frente a esta transformación, la Dra. Loretta Ortiz Ahlf planteó durante su charla sobre Inteligencia Artificial en la labor jurisdiccional una pregunta que atraviesa todo el debate: ¿qué lugar ocupará el ser humano cuando las máquinas comiencen a participar cada vez más en la administración de justicia? La respuesta, explicó, no pasa por rechazar la tecnología, sino por comprender sus alcances y establecer límites claros para su utilización.
La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta de gran utilidad para los órganos jurisdiccionales. Entre sus posibilidades se encuentran la clasificación de asuntos, la organización de expedientes, la gestión de plazos procesales, las notificaciones electrónicas y la automatización de determinados flujos de trabajo. También puede facilitar la identificación de precedentes y criterios aplicables, así como procesar rápidamente grandes cantidades de información. Para los tribunales, esto representa una oportunidad para reducir rezagos y agilizar procedimientos.
Pero la eficiencia, advirtió la Dra. Ortiz, no puede ser el único criterio para incorporar estas tecnologías.
En el centro de la exposición apareció una figura que, pese al avance tecnológico, conserva un papel fundamental: el juez. Juzgar implica mucho más que procesar información. Significa analizar hechos y pruebas, interpretar normas, valorar las circunstancias particulares de cada caso, deliberar y resolver conflictos de derecho.
En esa tarea, señaló la especialista, las personas juzgadoras aportan elementos que difícilmente pueden ser sustituidos por un sistema automatizado: experiencia de vida, criterio jurídico, comprensión de la complejidad humana, sensibilidad social y responsabilidad ética.
Una inteligencia artificial puede encontrar patrones y ofrecer información en segundos. Sin embargo, detrás de cada expediente existen personas, historias y circunstancias particulares que requieren ser comprendidas antes de adoptar una decisión. Por ello, la tecnología puede ser una herramienta de apoyo para el juzgador, pero la responsabilidad de impartir justicia permanece en manos humanas.
Uno de los ejemplos presentados durante la charla fue el caso COMPAS, un sistema utilizado para estimar riesgos relacionados con la reincidencia. El caso permitió poner sobre la mesa una de las principales preocupaciones relacionadas con el uso de inteligencia artificial en la justicia: los sesgos algorítmicos.
Que una decisión sea generada por una computadora no significa necesariamente que sea neutral. Los sistemas funcionan a partir de datos, criterios y modelos diseñados por seres humanos. Si esos elementos contienen sesgos, existe el riesgo de que la tecnología los reproduzca o incluso los amplifique.
En el ámbito judicial, las consecuencias pueden ser particularmente graves. Un resultado incorrecto puede repercutir en derechos fundamentales, patrimonio, libertad o privacidad de las personas.
La experiencia de COMPAS funciona así como una advertencia sobre la necesidad de supervisar los sistemas de inteligencia artificial antes de confiarles funciones que puedan afectar directamente a los ciudadanos.
La Dra. Ortiz abordó también los riesgos que representa la incorporación de la inteligencia artificial a la justicia: la despersonalización, los sesgos algorítmicos, la falta de transparencia, los riesgos para la privacidad y la dependencia tecnológica. Frente a estos desafíos, la regulación adquiere un papel fundamental.
La utilización de estas herramientas debe acompañarse de principios éticos relacionados con la protección de los derechos humanos, la no discriminación, la transparencia, la rendición de cuentas, la seguridad y la protección de la privacidad.
El objetivo no debe ser construir sistemas que sustituyan el razonamiento judicial, sino herramientas que permitan a quienes imparten justicia trabajar con mayor eficiencia sin perder de vista que sus decisiones afectan la vida de personas concretas.
La charla también llevó la reflexión hacia el pasado. La preocupación por el efecto de las nuevas tecnologías sobre las capacidades humanas no es reciente. La exposición recordó la postura de Sócrates, quien consideraba que la escritura podía debilitar la memoria, y la visión del escritor Jorge Luis Borges, para quien los libros podían representar una extensión de la mente humana. La enseñanza detrás de estos ejemplos es que cada innovación tecnológica modifica la relación de las personas con el conocimiento. La inteligencia artificial no sería diferente.
La cuestión, por tanto, no consiste únicamente en preguntarse qué puede hacer una máquina, sino qué deben seguir haciendo las personas.
La conclusión de la charla apunta hacia un escenario en el que inteligencia artificial y función jurisdiccional pueden coexistir. Los sistemas tecnológicos pueden ayudar a buscar información, organizar expedientes, identificar precedentes y realizar tareas repetitivas. Pero corresponde al juez analizar el contexto, interpretar el derecho, valorar las circunstancias y asumir la responsabilidad de la decisión.
En ese sentido, el avance de la inteligencia artificial no vuelve innecesaria la figura del juzgador. Por el contrario, hace todavía más importante definir con claridad aquello que ninguna herramienta tecnológica debe perder de vista: la dignidad y los derechos de las personas. El desafío para los tribunales será, entonces, aprovechar las ventajas de la innovación sin permitir que la eficiencia tecnológica desplace la sensibilidad, el criterio y la responsabilidad que exige impartir justicia.
La inteligencia artificial puede ayudar a los tribunales a trabajar más rápido. Pero, como quedó de manifiesto durante la charla de la Dra. Loretta Ortiz Ahlf, la justicia no puede reducirse a un algoritmo: detrás de cada expediente hay una persona y, frente a ella, debe existir siempre la responsabilidad humana de decidir.
La conferencia propició un espacio de análisis sobre la relación entre tecnología, justicia y derechos humanos, así como sobre la necesidad de que la incorporación de herramientas de inteligencia artificial en el ámbito jurisdiccional se acompañe de criterios jurídicos, éticos y profesionales que salvaguarden los principios que rigen la impartición de justicia.
La presencia de la ministra Loretta Ortiz Ahlf representó una valiosa oportunidad para que la comunidad universitaria conociera y analizara, desde una perspectiva jurídica y jurisdiccional, los desafíos que plantea la inteligencia artificial, particularmente en un contexto en el que la innovación tecnológica demanda nuevas herramientas de comprensión y actuación para quienes tienen la responsabilidad de pronunciar el derecho.
Atentamente
“Piensa y Trabaja”
“40 años de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara”
Zapopan, Jalisco, 4 de septiembre de 2026